Nadie te va a querer más de lo que te quieres tú.

Hay una pregunta que me hago cuando trabajo con alguien y que siempre, siempre, saca cosas interesantes: ¿cómo te hablas cuando cometes un error? Pruébalo. Escucha esa voz interna. ¿Qué dice? ¿Es amable? ¿O es la voz más dura y exigente que tendrías que aguantar si viniera de otra persona? Si tardas en responder, puede que el amor propio sea el área que más necesitas trabajar ahora mismo.

La mayoría de mujeres con las que trabajo se hablan fatal. Se dicen cosas que nunca dirían a una amiga. Se castigan por errores que perdonarían sin pestañear en otra persona. Y después se preguntan por qué no encuentran paz.

El amor propio no es un concepto de Instagram ni una práctica de spa. Es algo mucho más cotidiano y mucho más difícil: es la forma en que te tratas a ti misma cada día.

Cuando te saltas el descanso que necesitas. Cuando te callas lo que sientes para no molestar. Cuando te pones en último lugar — otra vez. Cuando te criticas en el espejo. Cuando aceptas menos de lo que mereces porque en el fondo crees que no eres suficiente. Todo eso es amor propio, o mejor dicho, la ausencia de él.

 

¿Por qué buscamos fuera lo que no nos damos dentro?

 

Y el problema es que buscamos fuera lo que no nos damos dentro. Buscamos en la pareja la validación que no nos damos. En el trabajo el reconocimiento que no nos concedemos. En los comentarios de los demás la aprobación que nos negamos a nosotras mismas.

Pero nadie puede darte lo que tú no te das. Es una ley que no falla.

Si buscas en alguien que llene ese vacío, encontrarás dependencia. Si buscas que la vida perfecta te haga sentir bien contigo, encontrarás una meta que siempre se mueve. Si esperas a merecerte algo cuando seas mejor, cuando hayas hecho más, cuando hayas perdido esos kilos… te lo seguirás negando.

La autoestima no se construye desde fuera. Se construye desde dentro, con cada pequeña decisión que tomas a tu favor. Con cada vez que te escuchas. Con cada vez que te tratas con la misma amabilidad que le darías a alguien que quieres.

 

El amor propio no se gana. Se recuerda.

 

El merecimiento no se gana. Se recuerda. Ya lo eres. Ya eres suficiente. Ya mereces cuidarte, descansar, pedir ayuda, decir que no, ocupar espacio.

Practicar el amor propio de forma consciente no significa ser egoísta ni dejar de cuidar a los demás. Significa dejar de ser la última de tu propia lista. Significa que tus necesidades también cuentan. Que tu bienestar importa. Que no tienes que ganarte el derecho a estar bien.

La relación más importante de tu vida es la que tienes contigo misma. Y si esa relación está rota, o descuidada, o llena de crítica y exigencia… todo lo demás lo nota. Tus relaciones lo notan. Tu cuerpo lo nota. Tu energía lo nota.

Si quieres profundizar en este trabajo, las Cartas de Amor Propio son un espacio mensual creado exactamente para esto.

No te estoy diciendo que seas perfecta ni que tengas que amarte en todo momento. Te estoy pidiendo algo más sencillo: que empieces a tratarte con la misma amabilidad que le darías a alguien que quieres.

 

Cómo empezar hoy

 

Empieza por algo pequeño. Por un pensamiento más amable cuando te equivocas. Por decir que no a algo que te agota. Por darte ese momento que llevas semanas postergando. Por no disculparte por ocupar espacio.

No hace falta que sea perfecto ni que lo hagas todo a la vez. El amor propio no es un destino al que llegas un día y ya está. Es una práctica diaria. Una decisión que se toma una y otra vez, especialmente en los momentos en que menos te lo parece merecer.

Y como toda práctica, se empieza donde se puede. Hoy. Con lo que tienes. Siendo quien eres.

 

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