A ver. Una cosa.
Que te duela el rechazo es SANO.
Que te duela que alguien se vaya, también.
Estamos hechas para necesitar a la gente, no para que nos dé igual.
Es normal que te duela.
Cuando no te cogen en ese trabajo que ya te veías haciendo.
1Cuando tus amigas se van de viaje y te enteras por las fotos.
2Cuando tu pareja te dice que necesita espacio.
3Cuando cuentas algo importante y cambian de tema.
4¿Cómo no te va a doler?
Si no te doliera, ahí sí habría que preocuparse.
El problema NO es que duela.
El problema es cuando pasas de
«Algo habré hecho».
«Ya sabía yo».
Y entonces:
Eres la que siempre escribe primero.
La que se ofrece a comprar el regalo.
La que pregunta «¿cómo estás?» y a la que casi nunca se lo preguntan.
Dices que sí a planes que no te apetecen nada.
Pides perdón hasta cuando te pisan a ti.
Y si alguien se aleja, o te agarras más fuerte o te vas tú primero.
Todo eso para que no te dejen.
¿Y por qué piensas que te pueden abandonar?
Por conclusiones que sacaste cuando eras un garbancito.
O no tan garbancito: en el colegio, en una relación, en una época en la que te sentiste de sobra.
¿Y qué hacemos?
Este sería el plan:
Masterclass en directo sobre
El rechazo
y abandono.
No para borrarla.
Para saber qué hacer cuando alguien tarda en contestarte, se aleja o te dice que no sin acabar pensando que el problema eres tú.
21 de octubre.
18h (hora de Madrid)
Si no puedes estar, se graba.
19€
No para quedarnos en el pasado, sino para que el patrón deje de parecer «yo soy así» y pase a ser «esto lo aprendí por algo».
Reconocer cuándo salta, qué pasa en el cuerpo, qué historia se cuenta la cabeza.
No discutir el «no valgo», sino verlo como lo que es: una frase vieja que aparece, no una verdad.
Una parte importante es poder llorar lo que te faltó, en vez de seguir buscándolo en cada relación.
Lo que en terapia de esquemas llaman el «adulto sano» y en autocompasión la voz que acompaña. Aprender a hacer por ti lo que esperabas que otros hicieran.
¿Y qué puedes esperar de esto?
No que la herida se borre.
Eso no te lo va a dar nadie en una tarde, y quien te lo prometa te está vendiendo humo.
Lo que sí puedes esperar es esto:
Que la próxima vez que no te contesten, te des cuenta de lo que está haciendo tu cabeza antes de creértelo.
Que sepas qué hacer en ese momento, en vez de escribir el segundo mensaje o pasarte la noche dándole vueltas.
Que dejes de llamarte intensa, pesada o dramática por algo que tiene una explicación.
Y que te lleves una cosa pequeña y concreta para probar esa misma semana.
No es poco.
Para alguien que lleva años pisando el mismo camino, es justo por donde se empieza.
Lo que dicen de mi trabajo
Por cierto.
Soy Vanesa Bordón, psicóloga.
Trabajo desde la terapia de aceptación y compromiso. Traducido: no me interesa que dejes de sentir el rechazo. Me interesa que deje de decidir por ti.
Llevo más de cinco años viendo la misma escena: mujeres que se lo saben todo sobre su herida y que, a las once y media de la noche, siguen mirando el móvil esperando un mensaje que decida si valen o no.
Y te digo una cosa: a mí también me ha costado no tomármelo como algo personal.
No tengo respuestas mágicas. Pero he visto muchas veces lo que cambia cuando alguien entiende qué hace su cabeza en ese momento.
Preguntas.
Que van bien dejar aquí:
No. Te sientas en el sofá, con tu té o tu manta, y escuchas. Si te apetece participar, puedes. Si no, nadie te va a sacar a la pizarra.
Se graba. La ves cuando puedas, en pijama si hace falta.
No hace falta ponerle nombre. Si cuando alguien tarda en contestarte ya estás pensando qué has hecho mal, esto va contigo.
No exactamente. Usamos la palabra porque es la que todo el mundo conoce, pero lo explico desde la psicología: qué hace tu cabeza, por qué y qué puedes hacer tú.
Una libreta, un boli y un rato tranquilo.
Tendrás disponible la grabación durante 14 días.
Porque si la tienes “para siempre” no la vas a ver.
Ah. Otra cosa. Para que la pienses.
Que te rechacen, duele.
Pero que te rechaces tú, duele más.
Nos vemos el 21.
Y tú, despierta.
Le has escrito a tu amiga a las siete. Algo sin importancia.
Nada.
A las nueve ves que ha subido una historia. Una cena. Se la ve contenta.
Y ahí empieza.
Repasas lo último que le dijiste.
El domingo.
Lo de la cena..
A lo mejor sonó raro.
A lo mejor está harta de ti.
A lo mejor siempre has sido tú la que tiraba de esta amistad y ella llevaba tiempo aguantándote.
Y sigues ahí.
A las doce ya no estás pensando en tu amiga.
Estás pensando que eres un poco pesada.
Que siempre te pasa igual.
Que ya sabías tú que esto acabaría así.
A la mañana siguiente te contesta:
Y tú, aliviada y agotada a la vez, le pones tres corazones.
Que te duela que alguien no conteste, que no te elijan o que se aleje, es normal. Le pasa a todo el mundo. Si no te doliera, sería raro.
El problema es lo que haces con ese dolor.
Que en tres horas pasas de «no me ha contestado» a «no valgo».
Y que, para no volver a sentirlo, te pasas la vida escribiendo tú primero, ofreciéndote a comprar el regalo y diciendo que sí a planes que te dan una pereza enorme.
Esto no se cura.
Lo que aprendiste a base de dolor no se borra con una masterclass. Ni con un libro. Ni con diez años de terapia.
Quien te diga lo contrario te está vendiendo algo.
(Sí, yo también te estoy vendiendo algo. Pero por lo menos te lo digo.)
Lo que sí se puede hacer es aprender a no creerte lo que tu cabeza te cuenta a las once y media de la noche.
Eso es lo que vamos a ver el 21.
Masterclass en directo sobre
El rechazo
y abandono.
No para borrarla.
Para saber qué hacer cuando alguien tarda en contestarte, se aleja o te dice que no sin acabar pensando que el problema eres tú.
21 de octubre.
18h (hora de Madrid)
Si no puedes estar, se graba.
19€
Lo que dicen de mi trabajo
Para que te hagas una idea.
Iremos por aquí:
No para quedarnos en el pasado, sino para que el patrón deje de parecer «yo soy así» y pase a ser «esto lo aprendí por algo».
Reconocer cuándo salta, qué pasa en el cuerpo, qué historia se cuenta la cabeza.
No discutir el «no valgo», sino verlo como lo que es: una frase vieja que aparece, no una verdad.
Una parte importante es poder llorar lo que te faltó, en vez de seguir buscándolo en cada relación.
Lo que en terapia de esquemas llaman el «adulto sano» y en autocompasión la voz que acompaña. Aprender a hacer por ti lo que esperabas que otros hicieran.
Soy Vanesa Bordón, psicóloga.
Trabajo desde la terapia de aceptación y compromiso. Traducido: no me interesa que dejes de sentir el rechazo. Me interesa que deje de decidir por ti.
Llevo más de cinco años viendo la misma escena: mujeres que se lo saben todo sobre su herida y que, a las once y media de la noche, siguen mirando el móvil esperando un mensaje que decida si valen o no.
Y te digo una cosa: a mí también me ha costado no tomármelo como algo personal.
No tengo respuestas mágicas. Pero he visto muchas veces lo que cambia cuando alguien entiende qué hace su cabeza en ese momento.
Preguntas.
Que van bien dejar aqui:
No. Te sientas en el sofá, con tu té o tu manta, y escuchas. Si te apetece participar, puedes. Si no, nadie te va a sacar a la pizarra.
Se graba. La ves cuando puedas, en pijama si hace falta.
No hace falta ponerle nombre. Si cuando alguien tarda en contestarte ya estás pensando qué has hecho mal, esto va contigo.
No exactamente. Usamos la palabra porque es la que todo el mundo conoce, pero lo explico desde la psicología: qué hace tu cabeza, por qué y qué puedes hacer tú.
Una libreta, un boli y un rato tranquilo.
Tendrás disponible la grabación durante 14 días.
Porque si la tienes “para siempre” no la vas a ver.
Mira. Una cosa que yo suelo pensar:
Que te rechacen, duele.
Pero que te rechaces tú, duele más.
Nos vemos el 21.
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